Gran Bazaar, Mezquita Suleymaniye y más
Apenas cruzamos una de sus entradas -se encuentra amurallada- dimos con los jardines la rodean. Muchos tulipanes, muchas flores! Y la imagen de la mezquita… una masiva forma que se eleva hacia el cielo formando una competencia entre cúpulas y semi-cúpulas… seis minaretes rodean la estructura con un detalle arquitectónico impecable. Nada esta librado al azar y todo tiene un sentido y armonía que deslumbra. Si bien da el aspecto de ser una obra en su totalidad liviana y delicada… al detener la vista en cada uno de sus rincones, el detalle es minucioso, pero balanceado.
Antes de ingresar a las mezquitas, los musulmanes deben lavarse los pies, antebrazos, manos, cuello y rostro. Al hacerlo el creyente demuestra su deseo de ser purificado. Para ese propósito muchas poseen una fuente y, las más modernizadas, una galería de canillas con bancos están apostados debajo de cada una de las entradas. Al ver los hombres sentados realizando sus abluciones, una imagen me vino a la cabeza cuando recordé que en una oportunidad una mujer le lavó los pies a Jesús. Más tarde me aburriría de ver las similitudes entre el Islam (literalmente “sumisión“), el Judaísmo y el Cristianismo. Pero ya escribiré sobre religión mas tarde.
Cinco veces al día las mezquitas llaman a la oración, a través de altoparlantes -muchas veces en las mismas minaretes- que resuenan por toda la ciudad. Al amanecer, mediodía, media tarde, ocaso y noche. Las oraciones pueden llevarse a cabo en cualquier parte que uno se encuentre, y por eso las oraciones se realizan de ese modo. Los viernes al mediodía es cuando más concurrencia se encuentra, dado que el Imam presenta su sermón. Durante los momentos de oración diarios no se permiten las visitas, hay que esperar a que la gente salga para poder ingresar.
Por dentro es toda luz. Grandes ventanales absorben el sol, ayudando a realzar aún más la belleza del detalle. Escrituras sagradas circulando por todos los muros en un fondo turquesa con letras en oro. Las bóvedas internas con repetición de colores y una gama de rojos amarronados que contrastan fuertemente con el dorado. Algunas pocas personas se encontraban haciendo sus postraciones o simplemente orando sentados sobre sus tobillos frente al mihrab, mientras un grupo de niños en otro sector recibía clases del Corán. Gente acostada en la frescura interna de la mezquita, disfrutando una siesta.
Me senté en la mullidísima alfombra un rato a contemplar. Mujeres sentadas contra las paredes, con bolsas de todo tipo alrededor, vestidas con ropas occidentales pero con pañuelos en la cabeza. Daban la sensación de haber entrado un momento, a descansar de tanto caminar haciendo compras.
Llama la atención el “vacío”. No hay muebles, no existen asientos. Es un gran salón, dividido por pilares en tres sectores, pero abierto. Nada más que una estructura de madera, una escalera que asciende a un “pulpito” desde donde el Imam dará sus sermones. Algunas escrituras sagradas enmarcadas en la pared, y nada más.
El tiempo pasó sin darme cuenta porque pronto, un amable señor, vino a decirme que estaban por llamar a la oración y debía partir.
Volví a los jardines y nuevamente los tulipanes…. Que impecable estaba todo! En uno de sus canteros estaba dibujado con tulipanes una luna en cuarto creciente y una estrella, emblema de la bandera turca.
Algunas parejas sentadas en los bancos del jardín y gente acercándose tan pronto comenzó a sonar el llamado a oración, que pronto se volvería familiar.
Allahu Akbar, allahu Akbar
Ashadu anla Ilah ila Allah
Ashadu an Mohamed rasul Allah
Haya asa as ala
Haya ala as ala
Mi curiosidad (como siempre!) me lleva a preguntarlo todo, así que me acerqué a un grupo de gente en sus veintes que se encontraban allí. Parecían salidos de la universidad, cargaban libros en las manos. Quise saber Qué era lo que esas palabras significaban y se los pregunté, luego de un coloquial saludo.
- “No sabemos, nosotros no hablamos árabe en Turquía. Debemos aprendernos los versos de memoria”.
Caí muerta. Pum!! Así y todo un 98% de la población es islamita, mayoritariamente Sunnis. Me resultó increíble que una nación musulmana no enseñara la lengua de su religión en las escuelas, pero luego recordé que es un gobierno secular. Por qué debieran hacerlo? Es otra de esas grandes incógnitas o incongruencias y contrates que todo viajero encontrará en miles de situaciones dentro del país si tiene el tiempo suficiente.
Casi llegando al Bazaar se pueden ver las cúpulas de la mezquita Beyazit. Un preludio de negocios, diseminados en todos los callejones que conducen al lugar, te retan a cruzar la meta. Mucha gente invitándote a tomar té, y algunos, muy simpáticos por cierto (y quizás acostumbrados a que el té no siempre surte efecto!) se acercaban con frases como:
- “How can I scam you today?”
- “How can I hassle you today?”
-” How can I get your money today?”
Y lo hacen con una gran sonrisa dibujada que surte su efecto, y terminas a las carcajadas, charlando un rato.
Prácticamente en la entrada, a unos pasos nomás, un vendedor de anteojos para sol tenía un puesto con un cartel que leía “Authentically fake sunglasses” (Anteojos de sol auténticamente falsos). Definitivamente una introducción a la gran picardía turca, tan simple y liviana… tan agradable.
Ingresamos! Si, lo logramos. Casi media hora de charlas de todo tipo y con todo tipo de gente hasta cruzar el umbral del Kapali Çarsi o Gran Bazaar. Una estructura enorme, de techos altos, con calles y callejones internos, donde venden todo tipo de cosas: artículos de cocina, baratijas, trajes de bailarinas árabes, pañuelos para la cabeza, sets de ajedrez, damas y backgammon!! (Donde juega de “local”, pues es acá donde se inventó). Lámparas de colores, juegos de madera de todo tipo, y las clásicas mesitas de madera con base octogonal tallada con calados, con su respectiva base que comparte la misma forma, decorada con trozos de madreperla insertados entre los tallados. Vajilla, Galabias (El vestido amplio, largo y con mangas que utilizan en sus casas). Lo que se les ocurra!
Un laberinto donde lo mejor es perderse y volver a hacerlo hasta el hartazgo, por que no hay nada que perder. Y mucho que ver y hablar. En todos los puestos te invitan a tomar el té, y he encontrado ese punto donde no hace falta ser descortés negándome rotundamente, sino aclarando que estoy en un viaje muy largo y no puedo comenzar a cargar cosas desde el “día 2” (pero te lo podemos enviar por correo!!) y entonces el té se convierte en una charla entre dos culturas, en la que ambos lados poco sabe del otro.
Me sumerjo más y más en sus vías, y voy encontrando un sentido. Cada sector vende cosas similares. Uno, por ejemplo es el textil. Ahí se encuentran los puestos de todo lo que involucre telas: Uno de pañuelos, otro de manteles y servilletas, otro ofrece sabanas y toallas, mas allá vestidos… y así sucesivamente.
Llegando al área de los cafés y restaurantes… vuelvo a Europa. El ambiente, la gente sentada fumando narguile, la pipa de agua que fuman con una melaza, por lo general de manzanas, y bebiendo té. Todos en ropas europeas, y algunos disputando partidos de backgammon. A mi juego me llamaron!
Me paro a observar una de estas parejas de hombres y veo que es casi “instantánea” la forma de jugar. “sala sala… “ ruedan los dados y rápidamente, como si se tratara de un partido de ajedrez donde los segundo cuentan, las piezas son movidas con celeridad. No quiero interrumpir la jugada, pero algún movimiento me sorprende y emito un sonido. Ambas caras me miran. Una sonriendo, la otra… inquisidora. La sonriente incluye complicidad y dice:
- No lo ha visto.
- Si lo vi (¿de verdad?) Pero es parte de mi “estrategia”.
Me invitan a sentarme para observar el partido y a jugar “a ganador”. Una cosquillita de felicidad me recorre por dentro. VOY A JUGAR MI PRIMER BACKGAMMON CON UN TURCO!!!! Y no puedo esperar a que aquel que dijo “haberlo visto” PIERDA.
Comenzamos la partida “mejor de cinco” y nos sirven té. Nadie lo pidió, es parte de la hospitalidad turca. Los dados ruedan y las piezas se mueven, y la conversación se va adentrando en detalles sobre cada uno. Es dueño de un puesto de cajas de maderas, y esta en su momento de descanso. Siempre viene al mismo lugar a fumar narguile y jugar backgammon. Me invita a fumar. Si bien tengo muchos amigos que tienen la “hubbly bubbly“, nunca fumé. Y digo ¿Por qué no? … de eso se tratan las aventuras, de probar todo lo que haya para probar y experimentar.
Inhalo y es dulce. Uf! Dulce, pero dulce en serio. Sabe a manzanas, pero también a frutos rojos. Le doy tres o cuatro “toques” pero no es lo mío. De todas formas quiero agradecer esa generosidad y comparto la pipa mientras duran los partidos. Para el tercero contábamos con una audiencia propia de locales. Ganó él. Tres a dos. No esta mal para lo que sería mi PRIMER partido en Turquía. Yo gané, en cambio, la forma más rápida de aprender y memorizar los números del UNO al SEIS.
- Teshekur Ederem. Allaha Ismarladik. (Gracias, adiós!)
Es demasiado por momentos el barullo del Bazaar y decido que es hora de partir. Vuelvo a enfrentar la calle, la luz solar y los vendedores de alfombras con invitaciones a tomar té. Uno tiene dos opciones en Estambul (y Turquía en general!): Aceptar lo más rápido posible la ceremonia del té y abusar la hospitalidad charlando con la gente local, o negarse y perderse una de las cosas mas maravillosas que tiene este país: El turco y su apertura al prójimo. Es sin duda alguna el país musulmán donde abiertamente se puede hablar de lo que sea, sin tapujos ni remilgos, y con total libertad. Política, religión, mujeres… football!
Seguimos viaje hacia la Mezquita Sûleymaniye. La misma fue construida por órdenes del poderoso Sultán Suleyman El Magnifico (1520-1566) y diseñada por Mimar Sinan, el más famoso de los arquitectos imperiales.
La Mesquita se encuentra bajo un período de restauración de dos años, motivo por el cuál no pudimos ingresar. Que pena! Todo indicaba que era un lugar “para no perderse”… pero recorrimos su parque y visitamos el cementerio, que se caracteriza por tener lápidas en forma de columnas, con escrituras árabes. (Recordemos que fue Ataturk el que decide cambiar los caracteres del árabe al latino en Turquía en pleno siglo XX).
Regresando al hostal veo que la calle del tranvía esta plagada de puestos de cadenas extranjeras. Starbucks, Mc Donald´s… ¿Por qué los turcos comerían estas cosas? Y luego pienso que son los extranjeros los que lo deben hacer. Pero no, mirando a través de las ventanas veo adolescentes turcos, sentados próximos al típico turista americano. Mercadeo o globalización?.
Al atravesar el Arasta Bazaar, paso por un puesto de Lokums (las “delicias turcas“) y escojo 6. Tengo que ir probando cuáles serán mis sabores favoritos.
Después de un breve descanso, decido incurrir en la noche de Sultanahmet. Quiero ver Qué pasa en ella, y si bien no me va a mostrar la noche turca en sí misma (es el ghetto mochilero), siempre van a haber locales que quieren charlar con turistas.
Enfrento nuevamente la calle y enseguida me llegan reclamos de los empleados de algunos restaurantes en los cuales aún no he ido a tomar té.
- “Me dijiste que hoy venías a conversar conmigo!”
Pero no puedo beber un té más. No. Prefiero una cerveza y me camino por la calle Akbiyik. Entro en un lugar llamado “Just Bar”. Solo hay dos o tres personas. Son las 8PM y sigo con cansancio de tanto viaje, así que “muero” temprano.
Al sentarme en la barra Apu, el DJ del lugar, se presenta y saluda. Luego de charlar un rato, me “reta” a pedirle música de cualquier grupo, cantante o DJ. Su música la baja de Internet y se jacta de tenerlo todo. En los parlantes suena Bob Marley, así que decido tirar para ese lado. Ben Harper. Y tiene, por supuesto.
Llega Hassan, el que atiende la barra y pregunta que quiero tomar.
- Una cerveza.
- No! Algo más original! Ya probaste el raki?
Oh, dios! Raki es la bebida típica de esta porción del mundo. Ouzo en Grecia, Sambuca en Italia, Raki en Turquía, y demás países mediterráneos árabes. Están todos emparentados. (Otra de esas contradicciones de las que hablo. Según un Sura del Corán, los musulmanes no deben beber alcohol, pero sin embargo este berberaje esta presente en todo medio oriente) Un licor dulce de anís con una importante graduación alcohólica. Se sirve bien helado, diluido en agua y con un vaso de agua de acompañante. No se debe beber puro ya que sube a la cabeza como si pusieras los dedos húmedos en una toma de corriente.
No tomé uno, tomé dos. Y cuatro vasos de agua. Y vieran lo fácil que se tornaban las charlas! A medida que pasaba el tiempo más gente fue llegando, entre ellos Ulrika, que se había quedado durmiendo y de casualidad decidió entrar al mismo lugar donde yo estaba. Charlamos con otros viajeros y locales, pero siempre con Apu oficiando de anfitrión, pidiéndonos que le ordenemos temas para mantenernos felices y consumiendo.
Podría estar en cualquier lado de occidente, sin salir de Estambul. La primera república democrática de la región que miró a europeos y norteamericanos para instaurar su modelo cultural. Tanta edificación que data de muchos siglos atrás -algo de lo que carecemos en mi lado del mundo- y sin embargo, moderna y joven. Pero tradicional a su vez. Contrastes en un destino que promete mantenerme en vilo por largo tiempo…
PS: Releo el texto antes de publicarlo. Cambio tiempos verbales del pasado al presente como si fueran paralelos. Y de alguna forma lo son. Voy leyendo mi diario de viaje y sonrío, mientras leo algunos detalles que se habían ido con los meses de viaje que siguieron. Pero que afortunadamente quedaron plasmados ahí, para recordarlos. Vuelvo a viajar, estoy en Estambul tomando té y jugando backgammon.


















